Reseña Historica

 

Cabecera de la Procesión La Cruz de Guía abre la procesión, seguido del guión de la Cofradía, y la Cruz con Sudario, símbolo de la Resurrección y del triunfo sobre la muerte.
Fotografía: José María Mayo Fuertes

1611

   En los albores del siglo XVII, el 4 de febrero de 1611, adquiere acta de nacimiento la Cofradía del Dulce Nombre de Jesús Nazareno. Erigida canónicamente en el desaparecido Convento de Sto. Domingo el Real, extramuros de la ciudad, en el "Escorial de Tierra", afirmación que la Pícara Justina que denota bien a las claras su grandiosidad y magnificencia, ratifica su primera "Regla" o Estatutos el entonces Obispo de León don Francisco Terrones Aguilar y del Caño. La "Compañía", de orden penitencial, es fundada con objeto de "servir a Dios Nuestro Señor y a la honra y gloria del Santísimo Nombre de Jesús Nazareno", y la Junta de Gobierno, establecida al efecto, compuesta por Abad - don Buenaventura de Valdés, que fuera el primero de la Cofradía -, seis Oficiales (seises) y Escribano (secretario), se encarga de velar por el estricto cumplimiento de su articulado.
  Piedad, devoción, religiosidad, rigor, constancia y buenas costumbres eran condiciones que, en primer lugar, había de exhibir aquel que aspiraba a incorporarse en el censo de la agrupación. La admisión era severa. Además de atesorar las virtudes expuestas, el solicitante abonaba las tasas correspondientes a la "Carta de Pago" en los plazos convenidos, y, luego, una vez admitido, le eran dados a conocer los derechos y obligaciones que había de ejercer con escrupulosidad, eximiéndole de estas últimas sólo la imposibilidad, pero satisfecho en compensación una cuota que, más tarde, diera ocasión a identificar a quien se hallaba en estas circunstancias como "Hermano Rebajado".
   En aquellos tiempos la representación,  la meditación y la penitencia eran signos inequívocos y esenciales a la primitiva "Regla". En el Día de la Cruz (Viernes Santo), debían asistir todos los hermanos a la "Procesión del Calvario", acto principal de la "Compañía", con cruces a cuestas, túnica negra sencilla, soga de esparto al cuello o ceñida a la cintura, en el pecho el emblema morado - una corona de espinas de ocho huecos  con la iniciales "J.H.S." y tres clavos -, y un rosario en la mano, pudiendo, incluso a voluntad, cubrir el trayecto de la procesión descalzos. En el transcurso de está se celebraba un solemnísimo "Vía Crucis", iniciándose cada una de las catorce estaciones del mismo a requerimiento de los toques de "La Ronda".
    Se prohibía descubrirse durante el recorrido. De obligado cumplimiento era mantener gran silencio y compostura y la inobservancia de estas normas era sancionada con una libra de cera, que había de hacerse efectiva en el acto o "cogiendo prenda", es decir, despojando al transgresor de capillo, cruz, emblema... motivo que le obligaba a abandonar la procesión. Para que todos asumieran el necesario grado de responsabilidad, era competencia de la Junta de Gobierno llevar a puerto seguro las disposiciones estatutarias, siendo el Escribano quien había de ejecutar con diligencia las instrucciones dictadas por sus superiores. El cargo de Abad tenía también sus limitaciones y servidumbres. Se le prohibía, por ejemplo, donar objetos y enseres de la Cofradía y, de hacerlo, se le exigía la correspondiente responsabilidad en el caso.
    La "Regla" no podía ser modificada ni sufrir variación alguna sin previo acuerdo de la Junta General y la Autoridad Eclesiástica. Precisamente en las Juntas Generales, como sucede hoy en día, se preceptuaba en las discusiones el máximo orden. Sólo se permitía intervenir "pidiendo la palabra" previamente, en pie y descubierto, y uno a uno, siendo excluido automáticamente quien profiriera expresiones soeces, juramentos o blasfemias.
    Se celebraba la Eucaristía los segundos domingos de mes, Domingo de Ramos, Fiesta de la Circuncisión, festividad de la "Santa Cruz" y "Día de difuntos". En esta última había ofrenda de doce molletes de a libra, doce velas de cuarterón y una azumbre de vino. En los entierros, cuatro hermanos, sin recibir compensación alguna tenían la obligación de llevar el cadáver a hombros al Cementerio, y en caso de negativa se les imponía una sanción de un cuarterón de cera...
    A grandes rasgos es éste el esbozo de aquella primitiva "Regla" que rigiera los destinos de nuestra querida Cofradía. Próximos ya los cuatro siglos de andadura, como es sabido, se han llevado a cabo diversas modificaciones, necesarias y convenientes para su adecuación a los tiempos. Pero, siempre, en todas ellas, se ha venido respetando el espíritu de la "Regla" fundacional.

Máximo Cayón
Braceros de la Cofradía del Dulce Nombre de Jesús Nazareno.
Fotografía: Isabel Barrionuevo
Descansando;
De Ayer a Hoy
Presente y futuro de la Cofradía

   En marzo del año 2002 la Dirección General de Turismos declaró a la Semana Santa leonesa de Interés Turístico Internacional, con mención especial a la "Ronda" y a la "Procesión de Los Pasos", aunque ya el 27 de Enero de 1998 habían declarado a los citados actos organizados por la Cofradía del Dulce Nombre de Jesús Nazareno de "Interés Turístico Nacional", título que sin duda debe enorgullecernos, más teniendo en cuenta que es el único de tal importancia concedido a los actos de Semana Santa leonesa.
    En un lejano día del año 1983, el entonces Abad su Junta de Seises comenzaron el tortuoso camino burocrático para conseguir esta declaración. Han hecho falta quince años de búsqueda de datos y trabajo en la sombra de varias Juntas de Seises, para que se nos reconozca algo que, no podemos engañarnos, excede de los propios méritos de esta o aquella Junta de Gobierno.

   No debemos olvidar que fue un día 4 de febrero de 1611 cuando un grupo de leoneses, movidos por un único fin, "conmemoran el Drama del Calvario con una Procesión penitencial...", tal y como se recogió en los estatutos fundacionales de la Cofradía, iniciaron ese largo caminar hacia ese título honorífico que ahora, orgullosos podemos ostentar.
      Desde entonces han pasado casi cuatro siglos. Largos años de amor a Nuestro Padre Jesús Nazareno, innumerables días de trabajo y esfuerzo por parte de todos y cada uno de los hermanos que, desde su responsabilidad, han sabido asumir el fin primero y último de nuestra querida Cofradía: "servir a Dios Nuestro Señor y a honra y gloria del Santísimo Nombre de Jesús Nazareno". Llega ahora el esplendor de los títulos turísticos y corremos peligro de perder la propia identidad de nuestras costumbres. No debemos permitir que esto suceda. Ya en los antiguos estatutos se recogía  fielmente la compostura e indumentaria que debían llevar los cofrades: absoluto silencio y respeto, túnica negra sencilla con el emblema "J.H.S" en morado y con capillo, es decir, cubiertos durante todo el trayecto de la Procesión. Y si esa seriedad y compostura han servido para conquistar este importante título.
    Retomando el capítulo de los méritos, en este importante título solo hay un protagonista: Los hermanos; desde el niño que va de la mano del padre hasta el Abad; los componentes de las bandas - que día a día, año tras año, haga frío o calor dedican una parte muy importante de su tiempo libre a la Cofradía -; el grupo de montaje, los braceros, los suplentes, los que portan las banderas, incensarios o navetas, los hermanos libres de pujas y en definitiva, todos aquellos papones anónimos que nos esforzamos en que nuestra Cofradía esté en lo más alto.
    Por todo ello, y como merecedores, uno a uno, del título que nos han concedido: ¡Que sea enhorabuena y Gracias, Hermanos!

Jorge Revenga Sánchez

Cofradía del Dulce Nombre de Jesús Nazareno
©Cofradía del Dulce Nombre de Jesús Nazareno
Capilla de Santa Nonia
Calle Santa Nonia s/n
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