En los albores del siglo XVII, el 4 de febrero de
1611, adquiere acta de nacimiento la Cofradía del
Dulce Nombre de Jesús Nazareno. Erigida
canónicamente en el desaparecido Convento de Sto.
Domingo el Real, extramuros de la ciudad, en el
"Escorial de Tierra", afirmación que la
Pícara Justina que denota bien a las claras su
grandiosidad y magnificencia, ratifica su primera
"Regla" o Estatutos el entonces Obispo de León
don Francisco Terrones Aguilar y del Caño. La
"Compañía", de orden penitencial, es fundada
con objeto de "servir a Dios Nuestro Señor y
a la honra y gloria del Santísimo Nombre de Jesús
Nazareno", y la Junta de Gobierno,
establecida al efecto, compuesta por Abad - don
Buenaventura de Valdés, que fuera el primero de la
Cofradía -, seis Oficiales (seises) y Escribano
(secretario), se encarga de velar por el estricto
cumplimiento de su articulado.
Piedad, devoción, religiosidad, rigor, constancia
y buenas costumbres eran condiciones que, en primer
lugar, había de exhibir aquel que aspiraba a
incorporarse en el censo de la agrupación. La admisión
era severa. Además de atesorar las virtudes expuestas,
el solicitante abonaba las tasas correspondientes a la
"Carta de Pago" en los plazos convenidos, y,
luego, una vez admitido, le eran dados a conocer los
derechos y obligaciones que había de ejercer con
escrupulosidad, eximiéndole de estas últimas sólo la
imposibilidad, pero satisfecho en compensación una cuota
que, más tarde, diera ocasión a identificar a quien se
hallaba en estas circunstancias como "Hermano
Rebajado". En aquellos tiempos la representación, la
meditación y la penitencia eran signos inequívocos y
esenciales a la primitiva "Regla". En el Día
de la Cruz (Viernes Santo), debían asistir todos los
hermanos a la "Procesión del Calvario",
acto principal de la "Compañía", con cruces a
cuestas, túnica negra sencilla, soga de esparto al
cuello o ceñida a la cintura, en el pecho el emblema
morado - una corona de espinas de ocho huecos
con la iniciales "J.H.S." y tres clavos -,
y un rosario en la mano, pudiendo, incluso a voluntad,
cubrir el trayecto de la procesión descalzos. En el
transcurso de está se celebraba un solemnísimo
"Vía Crucis", iniciándose cada una de las
catorce estaciones del mismo a requerimiento de los
toques de "La Ronda".
Se prohibía descubrirse durante el recorrido. De
obligado cumplimiento era mantener gran silencio y
compostura y la inobservancia de estas normas era
sancionada con una libra de cera, que había de hacerse
efectiva en el acto o "cogiendo prenda", es
decir, despojando al transgresor de capillo, cruz,
emblema... motivo que le obligaba a abandonar la
procesión. Para que todos asumieran el necesario grado
de responsabilidad, era competencia de la Junta de
Gobierno llevar a puerto seguro las disposiciones
estatutarias, siendo el Escribano quien había de
ejecutar con diligencia las instrucciones dictadas por
sus superiores. El cargo de Abad tenía también sus
limitaciones y servidumbres. Se le prohibía, por
ejemplo, donar objetos y enseres de la Cofradía y, de
hacerlo, se le exigía la correspondiente responsabilidad
en el caso.
La "Regla" no podía ser modificada ni
sufrir variación alguna sin previo acuerdo de la Junta
General y la Autoridad Eclesiástica. Precisamente en las
Juntas Generales, como sucede hoy en día, se preceptuaba
en las discusiones el máximo orden. Sólo se permitía
intervenir "pidiendo la palabra" previamente,
en pie y descubierto, y uno a uno, siendo excluido
automáticamente quien profiriera expresiones soeces,
juramentos o blasfemias.
Se celebraba la Eucaristía los segundos domingos
de mes, Domingo de Ramos, Fiesta de la Circuncisión,
festividad de la "Santa Cruz" y "Día de
difuntos". En esta última había ofrenda de doce
molletes de a libra, doce velas de cuarterón y una
azumbre de vino. En los entierros, cuatro hermanos, sin
recibir compensación alguna tenían la obligación de
llevar el cadáver a hombros al Cementerio, y en caso de
negativa se les imponía una sanción de un cuarterón de
cera...
A grandes rasgos es éste el esbozo de aquella
primitiva "Regla" que rigiera los destinos de
nuestra querida Cofradía. Próximos ya los cuatro siglos
de andadura, como es sabido, se han llevado a cabo
diversas modificaciones, necesarias y convenientes para
su adecuación a los tiempos. Pero, siempre, en todas
ellas, se ha venido respetando el espíritu de la
"Regla" fundacional. |