La Ronda de la
Cofradía del Dulce Nombre de Jesús Nazareno se ha
convertido en una institución y un referente de la
Semana Santa leonesa, siendo uno de los actos más
destacados e importantes que realiza dicha Cofradía.
Como tal, la Ronda, consiste en la
llamada, tanto a los hermanos, como al pueblo leonés, a
la Procesión de la mañana del Viernes Santo, antaño
conocida como "la del Calvario", por parte de
tres hermanos de la Compañía, que con esquila, clarín
y tambor, y enlutados en sus respectivas túnicas,
recorrarán las angostas rúas legionenses entonando su
ya célebre y lastimero:
"Levantaos hermanitos de
Jesús, que ya es hora."
La
Ronda, que guarda ciertas semejanzas con el "Merlú"
zamorano y el "Tararú" palentino,
ambos protagonizados por las Cofradías nazarenas que al
romper el día saldrán en procesión, da comienzo a las
doce de noche del Jueves Santo, día del Amor Fraterno,
como preludio y aviso del prendimiento de Cristo y de su
posterior Pasión y Muerte.
A esa hora, y tras rezar un responso
por los hermanos fallecidos, empiezan los denominados Toques
Oficiales, en la plaza del Ayuntamiento,
llamando a la Procesión, simbólicamente, al pueblo de
León, representado por el regidor de la Ciudad. Desde
allí se desplazará al Palacio Episcopal, donde
repetirá su lúgrube lamento la esquila, el clarín y el
tambor destemplado, para más tarde dirigirse a la Diputación Provincial, Gobierno
Militar y Subdelagación de Gobierno.
Sólo falta entonces
"encerrar" al Abad de la Cofradía en su
domicilio, recibiendo un toque de ronda en el portal y otro una vez haya entrado en su casa, para ir a recogerle al alba y dar entonces
comienzo a la Procesión.
Pero la Ronda no descansa, durante toda
la noche recorrerá la vetusta orbe, llamando una y otra
vez a la vigilia, con el llanto amargo del clarín hecho
oración, tres sombras enlutadas que, con la luna llena
como única compañía, romperán el silencio de la
madrugada, calle a calle, plaza a plaza, anunciando la
traición al Hijo del Hombre.
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